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miércoles, 15 de agosto de 2012

Las Orquídeas (micro cuento)

      María Luisa salió de su casa apurada, con el rouge corrido y reclamando contra el jardinero que no había plantado las orquídeas en el ángulo en que ella le había pedido.Camino al auto, terminó de colocarse la chaqueta de cuero y, como pudo, se montó en su jeep último modelo.
        Un par de cuadras más allá notó el humo. La gente corría en dirección contraria y varias nanas se asomaban a las ventanas, con críos colgados de las manos. Era casi la hora en que salían a la plaza a disfrutar los últimos rayos de sol.
        María Luisa se quedó un rato con la mente en blanco, mirando sus caras incultas. Cuando dieron la verde, pisó el acelerador a fondo, subió el volumen a su canción favorita y cantó como quinceañera.
      Ese día entero pasó como todos. Nunca más lo habría recordado si no hubiese sido porque cuando volvió ya no tenía casa. Y sólo las orquídeas se mantenían en pie.


domingo, 15 de mayo de 2011

Vacaciones en el Caribe (cuento)


Con la primera lluvia de abril, ella le llevó sopaipillas. Iban calentitas, envueltas en papel café.  En la otra mano llevaba un tazón, un termo con mate bien dulce y un paraguas.

Se sentó junto a él y comió la primera sopaipilla. No dijo nada hasta la tercera. Después habló ininterrumpidamente, apenas dejando tiempo para respirar y sorber el mate. Le contó que vivía sola hacía tres años, que tenía una jefa engreída y que quería bajar de peso.

-        De todas formas, mis amigas me dicen que me vería linda con el pelo colorín, ¿Tú qué piensas? Me acuerdo que una vez me eché un producto que…

Él la miraba de reojo, sin entender mucho su presencia y esa intempestiva confesión de ideas. Había salido a tomar aire, abrumado por las deudas, pero esa mujer charlatana no lo dejaba pensar. Con disimulo tomó un par de sopaipillas. Eran su derecho por escuchar tanto sin sentido. Cuando se acabaron se levantó y caminó rápido a casa. Apenas alcanzó a cerrar la puerta antes de que ella entrara. Ese día se quedó dormido escuchando el murmullo sordo de la mujer que hablaba afuera.

Meses más tarde la vio en el supermercado. Durante su ausencia su aroma y sonrisa habían vuelto como un fantasma, pero temiendo no poder contener su monólogo, se escondió detrás de unos tomates a observarla. Un largo mechón de pelo castaño le caía sobre la mejilla pecosa y vestía una ajustada polera a tiritas. ¡Se veía tan hermosa!

-        ¡Hola! ¿Te acuerdas de mí? Somos vecinos, nos conocimos un día de lluvia, yo llevaba un paraguas y tú…

Ésta vez él escuchó gran parte de lo que ella tenía que decir y así se enteró de que ese día de abril, su novio la había abandonado. Ahora entendía su historia y le parecía casi comprensible ese ataque léxico frente a un extraño. Cuando ella terminó de rememorar el episodio ya estaban en su casa, habían almorzado y tomado once. Oscurecía cuando ella finalmente quedó en silencio. Nerviosa, se mordió el labio inferior, se encogió de hombros y le sonrió. Conmovido por la magia que provocaba en ella la ausencia de palabras, la besó.

Al día siguiente, ella lo esperó con rosas y sin demasiados preámbulos se volvieron amantes y luego convivientes. Ella sentía una necesidad imperiosa de comentar sobre lo que veían en la televisión, lo que opinaba de los vecinos, lo que faltaba en la despensa, las tareas pendientes en el hogar y hasta lo que esperaba que él le regalara para el cumpleaños. Él la deseaba cuando se callaba. Pero también terminó acostumbrándose a que verbalizara cada acción y pensamiento. A veces incluso se sentía halagado.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El secreto de mi familia (micro cuento)

Me han dicho que me veo desmejorada, pero la gente no sabe que pertenezco a una súper
raza descendiente de los mapaches. Me lo contó mi mamá. A diferencia del resto, yo puedo
pasar de largo casi toda la noche terminando mis tareas y sonreír al día siguiente. Me como
toda la comida sin mañas y como tengo facilidad para trepar, no importa que vivamos en un
piso 22 con el ascensor malo. Tengo mucha suerte y cuando envejezca me van a salir canas
plateadas igual que mis papás.



Foto de quemonada.com

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